El vino según... Jordi Banacolocha

Jordi Banacolocha no necesita presentación, es un clásico de los escenarios catalanes. Lleva más de 60 años pisando escenarios y ha intervenido en más de 150 obras de teatros y muchas series de televisión, tanto catalanas, como Nissaga de poder (1996), Plats Bruts (1999-2004), El cor de la ciutat (2004- 05), Ventdelplà (2005-10) o Kubala, Moreno y Manchón (2014), como de ámbito estatal: Hospital Central (2002-04), Cuéntame cómo pasó (2013-14), entre otros. Hoy nos abre las puertas de su memoria y nos comparte algunas de sus experiencias y recuerdos como actor y su relación con el vino.

Cuéntanos quién eres y cómo empezaste en el mundo de la interpretación.

Soy Jordi Banacolocha, tengo 72 años y soy actor. Empecé a los años 50 del siglo pasado. Mi padre era el director de una compañía de teatro de aficionados en la barriada barcelonesa de Sant Andreu de Palomar. Allí estaba, y aún está, el Casal de San Andrés. Entonces debía decir "Centro Católico Parroquial de San Andrés del Palomar". La entidad tenía una sección artística. Se representaba una comedia diferente cada semana, después ya fue cada dos semanas, y siempre las dirigía mi padre. Los domingos por la mañana, a la salida de misa, mi padre iba al Casal para colocar las luces de la obra que se representaba por la tarde y yo lo acompañaba. Me acuerdo con 6 o 7 años sentado en primera fila y mirando mi padre arriba del escenario, mientras él iba indicando donde iban las luces y los decorados de cada acto. En aquellos momentos ya fui consciente de que cuando fuera mayor yo también sería arriba de un escenario jugando como lo hacía el padre. Con 10 años ya salí als Pastorets formando parte del corazón de los diablillos que bailaban una danza infernal tremenda. A los 14 años hice el primer papel con un poco de texto, era una obra de Pedro Muñoz Seca y se llamaba "La Caraba". Yo hacía de criado y tenía dos frases. Y desde aquel día y aquella obra no he parado de hacer teatro.

¿Cómo has evolucionado desde entonces?

Este oficio es muy bonito pero también muy exigente. Evolucionas porque cada día quieres mejorar y ser mejor actor. El trabajo en sí mismo ya te lleva. Cada obra es una experiencia nueva y cada montaje un hito diferente. Si amas este oficio (y creo que no lo puedes hacer si no lo quieres), nunca acabarás de estar arriba, siempre estás creciendo. No fue la misma experiencia de 10 años de teatro en el Casal, que luego cuando empecé en un grupo de teatro independiente o cuando formé parte de un intento de crear un teatro estable en mi barriada con el grupo de l'ou Nou, ni, evidentemente, cuando ya me dediqué de una manera definitiva a hacer de actor como profesional.

¿Tienes algún ritual a la hora de empezar a construir un personaje? ¿Qué procesos y técnicas sigues?

"Cada maestrillo tiene su librillo". Yo en eso soy bastante práctico o me lo he ido volviendo. Me leo la obra, dos, tres o las veces que sea necesario, hasta que creo que lo tengo bastante claro, pero el personaje no lo empiezo a dibujar hasta que empiezo a ensayar. Necesito juicio del director, para no ir por caminos equivocados. Lo que si que suelo hacer antes de comenzar los ensayos es aprenderme el papel casi por completo. Sin saberme el papel yo como actor soy un inútil total.

Cuéntanos una anécdota, una oportunidad o una situación curiosa que hayas vivido como actor.

Durante mi vida escénica he vivido de todo tipo. Sobre todo en la época de aficionados en que nos poníamos delante del público con cinco o seis ensayos y más perdidos que ninguna otra cosa. La que recuerdo ahora mismo fue el Casal, haciendo Els Pastorets. Entonces hacíamos la Estrella de Nazaret, que en el amplio abanico de los textos pastoriles es lo que podríamos decir el más serio. En el cuadro que representa que José y María buscan puesta sin éxito, en el Casal se hacía con un decorado que quería representar una especie de mercado y todos los actores salían, unos haciendo de vendedores, otros de compradores o de gente que andaba por allí . Pero había dos papeles que todos queríamos hacer: los dos soldados romanos que vigilaban que no hubiera ningún altercado. El vestido de soldado era muy chulo y cada día había peleas por representarlo. Un día, uno de lo que hacía de soldado, que iba con una fantástica lanza, paseando por el escenario encontró uno de los muchos agujeritos que había en el suelo y se hizo el listo enseñando la lanza que se sostenía sola. Pero cuando tuvo que salir de escena no podía desclavarla de ninguna de las maneras, así que salió de escena dejando la lanza clavada hasta el final de la obra ante la sorpresa de José y María.

¿Cómo te imaginas en un futuro?

Yo el futuro ya lo tengo detrás. Con 72 años sólo pienso en que me siga gustando bastante este trabajo y pueda seguir disfrutando de la interpretación hasta que el cuerpo me diga basta.

¿Cuál es el papel por el que te gustaría ser recordado? Y el papel que todavía no has hecho y te gustaría hacer?

Cuando me hacen esta pregunta siempre me cuesta mucho responder. He hecho más de 150 obras de teatro y muchas series de televisión. De cine he hecho muy poco. Quizás mañana cambio de opinión, pero si te tengo que responder hoy, te diría los abuelos de "L'Auca del senyor Esteve"; el de "Barcelona" y el de" Dissabte, diumenge i dilluns". Y para que no todo sean abuelos, Oriol López de Plats Bruts. A mi edad ya no sé qué papel podría esperar, pero lo que llegue pasado mañana seguro que será lo que estaba esperando.

Jordi y el vino:

¿Cuál es tu primer recuerdo sobre el vino?

Os tengo que confesar que no soy un buen bebedor de vino, soy casi abstemio. Sólo pico vino o un espumoso cuando hay una celebración o en comidas excepcionales. Aunque he de reconocer que cuando bebo se me pone muy bien. Al final de una buena comida sí que me gusta hacer un sorbito de vino, media copita, y me gusta bastante. Últimamente he bebido un poco más y reconozco que quizá me estoy perdiendo un gran placer para el paladar.

En cuanto a mis primeros recuerdos, los relaciono con mi padre, bebiendo a chorro con un porrón fantástico. Se dejaba caer el chorrito en la nariz y lo recibía en la boca con una exhibición propia de circo. Siempre que puedo yo también bebo en porrón, pero directamente en la boca. Y aquí hago lo que se debe considerar una herejía: ¡Le pongo gaseosa! ¡Perdonádme, soy un pecador!

¿Blanco, tinto o rosado?

Sin duda, siempre blanco, y si es de aguja mejor que mejor.

¿Y con burbujas o sin?

Con burbujitas, que hace más fiesta.

El mejor momento para tomar un vino.

Al final de una buena comida.

Describe el vino ideal para una primera cita.

Para una primera cita yo siempre pediría un espumoso.

¿Cuál es para ti el maridaje perfecto?

Día de estreno. Éxito de público. Una copa de espumoso para celebrar la representación. ¡Fantástico!